La preservación de los recursos naturales es esencial para la vida en el planeta. La flora y la fauna forman parte de ellos y tienen una importancia económica, social, científica, cultural y ecológica para un país. Las aves, por ejemplo, son indispensables para el equilibrio de los ecosistemas. Muchas especies son amenazas en su hábitat por acciones humanas que atentan contra el medio ambiente, como la tala indiscriminada de los bosques y cerros, los cultivos que son fumigados con productos químicos nocivos, los aerogeneradores o la caza ilegal.
El 9 de mayo se conmemoró el Día Mundial de las Aves Migratorias, cuyo objetivo es generar conciencia en la sociedad sobre la necesidad de proteger a las aves migratorias y sus hábitats en todo el mundo. Comenzó a celebrarse en 2006 y en el segundo fin de semana de mayo, se suelen organizar en el mundo festivales de aves o avistajes de aves.
La fecha fue recordada el miércoles en el Instituto Lillo que recibió la visita de alumnos del quinto y sexto grado de la escuela Lizondo Borda, coordinada por la Secretaría de Innovación y Desarrollo Tecnológico. Por primera vez, muchos chicos vieron en escala natural un cóndor, un pingüino o un tucán y pintaron con témpera figuras de pájaros.
Durante el avistaje los chicos aprendieron a usar los binoculares y detectaron nidos y pájaros. "La intención es que vean y que sepan qué se hace, que disfruten de observar las aves sin una honda en la mano", dijo una de las responsables y agregó que en el Jardín Botánico del Lillo hay más de 80 especies de aves. "Es muy importante porque son buenas bioindicadoras de la calidad ambiental y porque no hay que perder los árboles nativos. Ellos nos dan la identidad como argentinos del Norte. Eso hay que inculcarles a los chicos, y que hay que plantar lapachos, patas de vaca; que los pinos o los ficus son lindos pero no son tan nuestros", señaló.
Los niños participaron entusiastamente de las actividades programas. Ello nos lleva a reflexionar -como lo dijimos en otras ocasiones en esta columna- sobre la importancia de que los estudiantes no sólo se familiaricen de la fauna y flora tucumana, sino que también la estudien en la primaria y la secundaria, y que aborden otros aspectos, como la historia, la cultura, la economía, la geografía provincial.
Una buena parte de los tucumanos se ha caracterizado por transgredir leyes; los actos de vandalismo en nuestros paseos públicos y contra los monumentos son constantes, la conciencia por la conservación de los recursos naturales, así como por la protección del patrimonio arquitectónico y cultural, es escasa, especialmente en la clase dirigente.
Sería importante que en los institutos de formación docente se educara a los futuros maestros y profesores en los diversos aspectos de Tucumán. La bibliografía en los diversos temas es, por cierto, abundante. La asignatura podría incluirse en la currícula, de manera que fuese obligatoria, por lo menos, durante todo el ciclo primario y secundario. La jornada que vivieron los alumnos de la escuela Lizondo Borda -gran historiador tucumano- en el Instituto Lillo debería repetirse diariamente. Cuanto más conozcamos lo que fuimos y somos, podremos construir una identidad con fuertes raíces que nos conduciría a sentir orgullo de nuestra tucumanidad y cuidar lo que tenemos.